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Ha
transcurrido más de medio siglo desde que vieran la luz las publicaciones
de Mac Farlane
Burnet1,2
y Peter Medawar3
sobre la tolerancia inmunológica e
innumerables son los trabajos que
han intentado refrendar la teoría,
así como muchos otros registraron opiniones en contrario.
De
acuerdo a lo postulado por Burnet, en lo que se refiere a la selección
clonal, los linfocitos
autoreactivos son eliminados
durante el proceso de diferenciación en el timo. Sin embargo este proceso
no es absoluto y es cierto que linfocitos autoreactivos y autoanticuerpos
se encuentran
circulando en individuos normales
en estado de salud 4,5
sin que esta presencia induzca
patología.
Muchas
son las incógnitas que no tienen respuesta aún, por ejemplo, si lo
" propio" es identificado
durante la vida fetal ¿Qué
sucede cuando ocurren los grandes cambios en la pubertad? Por otro lado,
la presencia de células autoreactivas dentro del repertorio de linfocitos
normales en muchas
especies animales, sugiere que la
autoinmunidad juega un papel importante en la homeostasis de los
organismos.
Cabe
preguntarse también ¿cómo se convierten en tolerantes las células T
cuyas membranas presentan receptores para los complejos CMH + péptidos
que no están presentes en el timo?, o ¿ porqué los transplantes de hígado
son tolerados más fácilmente que los de piel?, y ¿por qué los tumores
no son rechazados más a menudo?.
Así
fueron apareciendo durante este tiempo distintas concepciones acerca de lo
"inmunológicamente propio" que resumimos en la tabla 1 6,7,8,9
Algunas
afirmaciones probadamente documentadas hacen posible pensar hoy que la
discriminación entre lo "propio" y lo "no propio",
mas que a una discriminación obligada, responde
a un diálogo en el cual los
"actores" pueden jugar "roles" variables según la
ocasión. Respecto a
esto, algunas observaciones nos
pueden ayudar a tener una opinión.
1)
El mantenimiento de la integridad de un organismo vivo depende de la
existencia de
procesos críticos como lo son por
ejemplo la cicatrización de las heridas, la reparación de los
tejidos, la angiogénesis, la
regeneración celular y la eliminación de las células anormales o de las
moléculas no funcionales que estén
presentes. El sistema inmunitario tiene una gran capacidad para mantener
el estado de equilibrio aun respondiendo a varias agresiones microbianas
concomitantes 10
y a pesar de la constante exposición
a auto antígenos.
Estos
procesos son realizados en gran parte por las células inmunitarias y/o
por las moléculas
producidas por ellas como los
anticuerpos, las citoquinas, las quemoquinas y las moléculas de
adhesión; en síntesis es
necesaria la presencia de una "inflamación regulada" para el
mantenimiento de la vida del organismo.

En
ese sentido aunque no son conocidos con profundidad, tienen una enorme
importancia los
mecanismos por los cuales luego de
producida una respuesta a antígenos extraños el sistema vuelve a un
estado de reposo en el cual el número
y el estado funcional de los
linfocitos también vuelven a los niveles de preinmunización.
2)
Las células autoinmunes contribuyen al mantenimiento del organismo; hasta
aquí se
aceptaba que el mantenimiento de
la integridad del organismo era responsabilidad de las células
correspondientes a la inmunidad
innata, sin embargo en el momento actual se sabe que por lo
menos en un órgano las células
autoinmunes poseen un rol importante en el mantenimiento de
la integridad del sistema nervioso
central.
Al
respecto se sabe que por un lado las células autoinmunes dirigidas contra
la mielina son las
mediadoras responsables en la
encefalomielitis alérgica experimental, una enfermedad desmielinizante
autoinmune del sistema nervioso central que ocurre luego de la inmunización
de animales con proteína mielínica básica y que sirve como prototipo
para el estudio de las enfermedades autoinmunitarias mediadas por células
T antígeno específicas 11,12 como
la esclerosis múltiple.
Estas
mismas células dirigidas contra la mielina son las que protegen al
sistema nervioso central de la degeneración por injuria post traumática13,14.
3)
La autoinmunidad puede activarse espontáneamente por el daño tisural,
aunque esta autoinmunidad
no lleva a la instalación de una
enfermedad autoinmune15.
4)
Los individuos sanos poseen poblaciones de células T autoinmunes y
autoanticuerpos circulantes que se dirigen contra un conjunto limitado de
antígenos propios16.
5)
La autoinmunidad se regula a sí misma para prevenir enfermedades
autoinmunes, esto se
aprecia en cepas de ratones
portadores de un transgen para un receptor de células T autoinmunes
específicas para la mielina que
no desarrollan encefalomielitis alérgica experimental 17.
En este
punto la presencia de un gen Rag
funcional parece permitir emerger a un pequeño número de células T
reguladoras que resultan suficientes para bloquear a los efectos patogénicos
de millones de células T antimielina que circulan por los organismos de
esos animales.
6)
Los antígenos tumorales son en su mayor parte antígenos normales propios
que son compartidos con otros tejidos y son reconocidos por las células T
citotóxicas, convirtiendo en su mayor parte a la inmunidad tumoral en
autoinmunidad18.
En
este sentido las investigaciones hacen constar que en muchos de los cánceres
más comunes que se derivan de tejidos muy diferenciados como el melanoma,
el cáncer de próstata, el cáncer de
páncreas y el cáncer de mama, la
inmunoterapia sobre ellos es capaz de provocar daños colaterales por
autoinmunidad19.
7)
Las enfermedades autoinmunes son a menudo resultado de la activación
desregulada de la
autoinmunidad natural20.
La
enfermedad autoinmune puede ser resultado de procesos no regulados,
habitualmente asociados con la curación y no solamente resultado de la
muerte directa de células propias; la esclerodermia por ejemplo, resulta
de una inapropiada formación de tejido cicatrizal, el pannus destructivo
de la artritis reumatoidea está conformado por tejido cicatrizal y también
el exceso de angiogénesis puede destruir a la retina en la uveítis
autoinmune.
Todas
estas observaciones son comentadas en la publicación de Cohen21,
quien postula que el
sistema inmunitario mantiene la
integridad del organismo a través de todas las vicisitudes de la
vida, sin necesidad de hacer una
distinción absoluta entre lo propio y lo no propio, las mismas
se agregan a las efectuadas desde
1973 y años siguientes por Steinman22,23,24
sobre la morfología,
ubicación, distribución y
funciones de las células dendríticas (CD), concluyendo últimamente con
la afirmación de que el control
del sistema inmunitario por estas CD reside en la capacidad
de éstas de procesar células en
distintos estados de necrosis o en apoptosis, procesos de gran
trascendencia en el rechazo de los transplantes, en la autotolerancia
iniciada por la apoptosis, en la inmunidad por células infectadas por
virus o bacterias en proceso de muerte y en la inmunidad
tumoral25.
Existen
muchos datos que apoyan el concepto de que las células dendríticas son
extremadamente
especializadas en su función de
presentadoras de antígenos y que de acuerdo a su ontogenia y a su modo de
activación pueden inducir tanto tolerancia como inmunidad específica 17.
También
hay muchos trabajos experimentales que apoyan el concepto de que las CD
activadas
pueden inducir enfermedades
autoinmunes. Por ejemplo las CD incubadas con tiroglobulina son
capaces de activar a la tiroiditis
autoinmune26,
o como ya se citó, las CD incubadas con proteína básica
mielínica son capaces de activar una encefalitis alérgica experimental27,
así como la
vacunación
contra tumores utilizando CD incubadas con antígenos tumorales
compartidos con el
huésped
normal provoca enfermedad autoinmune severa28.
Lo
cierto es que las CD son eficientes estimuladores de los linfocitos T y B;
de éstas, las células
B
precursoras de las células secretoras de anticuerpos pueden reconocer
directamente antígenos
nativos
a través de sus receptores de célula B, en cambio los linfocitos T
necesitan que el
antígeno
sea procesado previamente y presentado a ellas por las células
presentadoras de antígenos
(CPA),
donde los receptores de célula T (de la membrana de los linfocitos T)
reconocen
fragmentos
de antígenos unidos a moléculas del complejo mayor de
histocompatibilidad (CMH).
Estas
moléculas de CMH son de dos tipos distintos , CMH tipo I y CMH de tipo II
que
estimulan
respectivamente a los linfocitos T citotóxicos y a los linfocitos T
helper.
Así
los antígenos intracelulares, virus y otros, son cortados en pequeños péptidos
dentro de las CPA
y unidos
a las moléculas del CMH tipo I donde son reconocidas por los linfocitos T
citotóxicos
(LTC),
los que una vez activados son capaces de matar directamente a la célula
blanco.
Los
antígenos extracelulares que hayan sido englobados y endocitados por las
CPA son
procesados
también de la misma manera pero se unen a las moléculas del CMH de tipo
II con las
que son
presentadas a las células T helper, las que una vez activadas tienen gran
efecto inmunoregulatorio.
La
iniciación de la inmunidad por células T se produce por el encuentro y
reconocimiento de
péptidos
en células infectadas ubicadas en cualquier lugar del organismo por estas
células T
que
circulan por la corriente sanguínea.
La
presencia de los complejos formados por las moléculas del CMH + antígeno
en las células
infectadas
o en las tumorales es siempre pequeña (no más de 100 complejos por célula),
los que
deben
ser detectados por clonos de células T que también están en
concentraciones bajas
(1/100.000
células sanguíneas) a través de los receptores de las células T (RCT)
que tienen baja
afinidad
con el complejo (1 µM o menos)22;
además las células infectadas y las tumorales
pierden
habitualmente las moléculas coestimuladoras coestimuladoras CD80, B7,
CD54, CD86, LFA3, ICAM-
1,3,
etc. que controlan la expansión clonal, la producción de citoquinas y el
desarrollo de las
células
killer. Las CD intervienen en este mecanismo en función de su ubicuidad
en todos los tejidos y merced a la captura y procesamiento que hacen del
antígeno, mostrando a posteriori en su superficie gran cantidad de
complejos CMH + péptido. Estas mismas CD activan a las moléculas
coestimulatorias y comienzan a migrar hacia los ganglios linfáticos, el
bazo y el resto de los órganos linfoideos donde se comunican y activan a
las
células
T específicas.
Como
reiteradamente lo dicen Banchereau y Steinman en sus publicaciones18
el sistema inmunitario no solo debe
atacar hacia lo que es "extraño y aberrante" sino que para
evitar la autoinmunidad debe evitar la respuesta hacia "lo
propio".
Respecto
a este punto, las células T maduras no responden a los péptidos propios
que le son presentados porque durante su maduración en el timo, este
proceso solo lo pueden cumplir las que no tienen afinidad hacia los antígenos
peptídicos que están en la glándula, permitiéndosele a estas seguir su
maduración y entrar en la circulación, el resto entra en apoptosis.
Surge
aquí la circunstancia de que no todos los antígenos están presentes en
el timo, y son las CD las que previenen la activación de las células T
que de otra manera actuarían por ejemplo contra las células del cerebro
o del páncreas que contienen péptidos "no registrados"
provocando una esclerosis múltiple o una diabetes.
Algunos
Datos Morfológicos y Funcionales de las Células Dendríticas
Las
células dendríticas fueron descriptas por Langerhans como células de la
piel en 186829,
pero solo desde hace 25 años
empezó a conocerse su importancia funcional. Su morfología única y
su motilidad, tan particular, que
dan origen al nombre dendrítica, varían en parte de acuerdo a la
ubicación
dentro de la economía y además de acuerdo a su nivel de maduración.
Esta forma
particular
está de acuerdo con sus funciones de capturar antígenos y seleccionar a
las células T
antígeno
específicas30.
Originadas
en la médula ósea a partir de un grupo de células CD34+ que da origen
también a todas
las demás
células de la sangre, colonizan a todos los
tejidos como células inmaduras, en dos subpoblaciones, una epidérmica o
células de
Langerhans
caracterizadas por la presencia de los gránulos de Birbeck y otra de
ubicación
intersticial
denominadas células dendríticas, teniendo como diferencia substancial
entre los dos
grupos
que las últimas son las únicas capaces de activar a las células B para
la producción de
anticuerpos.
Se
las encuentra en todo el territorio del organismo pero cuando están fijas
in situ Vg. en la
piel,
las vías aéreas, el intestino, el hígado o en los tejidos linfoideos
son estrelladas, en cambio
cuando
se las aísla muestran numerosas finas dendritas o in vivo, con contraste
de fase se ven
procesos
vellosos que se extienden en todas direcciones con extensiones o
retracciones que
perduran
hasta 24 horas.
Las
CD diferenciadas pueden inducir la activación de las células T, las que
una vez activadas pueden completar la respuesta inmunológica
interactuando con otras células, como los linfocitos B para la formación
de anticuerpos, los macrófagos para la liberación de citoquinas o con
las células blanco para provocar su lisis.

Figura
1
Proliferación,
maduración y migración de las Células Dendríticas. Según Steimann.
(The
Mount Sinai Journal of Medicine. 2001; 68:160-166)
Las
formas inmaduras de las CD en cambio tienen mucha menos capacidad para
activar linfocitos T siendo en cambio especializadas en capturar y
procesar antígenos completando así las dos
funciones
claves de las CD, primero manipular antígenos y segundo estimular células
T.
Normalmente
en las reacciones de histocompatibilidad los linfocitos del presunto dador
y el receptor reaccionan uno a uno entre ellos, en cambio si se utilizan
CD, una de ellas es capaz de activar a una cantidad de entre 300 a 3000 células
T, lo que evidencia la función de iniciadoras de la inmunidad.
Esta
función activadora no sólo la ejercen con las células cuyos CMH no son
compatibles sino que
también
accionan cuando están presentes proteínas extrañas, superantígenos u
otras
proteínas
microbianas que no requieran procesamiento por el CMH incluyendo agentes
infecciosos
y tumores.
Una
de las razones por las que las CD son excelentes CPA es que son capaces de
capturar
con
mucha facilidad antígenos del medio que las rodea, ya sea en forma de
partículas o microbios
por
fagocitosis, además con lo que capturan forman vesículas pinocitóticas
grandes que
contienen
líquido extracelular y solutos que conforman lo que se llama
macropinocitosis , por
último
cabe agregar que estas CD tienen receptores para la lectina como los que
poseen los
macrófagos
para la manosa.
El
antígeno capturado sufre una desintegración y se forman grandes
cantidades de CMH + antígeno que se muestran en forma inmediata en la
membrana de las CD gracias a la abundancia de compartimentos CMH-II que
existen en las CD inmaduras.
Para
provocar la generación de células killer citotóxicas, las CD tienen que
presentar a los
linfocitos
CD8+ los péptidos en forma de complejos unidos con las moléculas del
CMH-I en
las
CD infectadas; los virus utilizan a la maquinaria de la misma célula para
sintetizar las
proteínas
virales, luego éstas son degradadas dentro del proteosoma y mediante la
intervención
de
un péptido transportador, los mismos son llevados desde el citosol al retículo
endoplásmico
donde
son unidos a las moléculas de CMH de clase I y posteriormente también
son exhibidos en
la
superficie de la membrana de las CD para capturar allí células T. Es
posible que un
mecanismo
similar se utilice para los antígenos de las células tumorales o las
transplantadas.
Luego
de seguir cualquiera de éstas u otra vía de activación, las CD tienen
que viajar hasta los
tejidos
linfáticos donde completan su maduración, atraen a las células T y B y
por liberación de
quemoquinas
mantienen la viabilidad de la recirculación de los linfocitos T.
Aun
en ausencia de activación estas CD siempre están presentes en los linfáticos
aferentes pero no en los eferentes, lo que indica que la mayoría de las
CD mueren dentro del tejido linfoide.
En
la sangre existen dos subgrupos de CD posiblemente destinadas a activar
distintos tipos de
células
B y T; las que migran al hígado, salen luego hacia los ganglios celíacos
y desde el
intestino
van hacia los ganglios mesentéricos.
Los
virus y las bacterias inhaladas movilizan rápidamente a las CD para que
entren en los
epitelios
de las vías aéreas a una velocidad igual que la de los neutrófilos.
Dejamos los aspectos
morfológicos
y funcionales de las CD, remitiendo al lector a los trabajos citados para
ampliar la
información
sobre este tema.
Las
Señales de Peligro
Para la iniciación de las respuestas inmunológicas
tanto primarias como secundarias es necesaria la activación de las CD 35,
pero una de las incógnitas más importante es precisamente cuales son
estas señales, cuales son las señales que llevan a la maduración y
migración de estas células y como hacen para saber hacia donde tienen
que migrar.
Las
CD residen en todos los tejidos del organismo permaneciendo en un estadio
inmaduro, período
en
los que poseen altas concentraciones de receptores Fcg y Fce (receptores
del fragmento
Fc
de los anticuerpos G y E) en su superficie y durante los cuales se ven
involucrados en
fagocitosis
y macrofagocitosis, procesos que les permiten “probar” todos los
solutos del medio
ambiente34
que las rodean.
Mientras
permanecen en este estado las CD presentan muy pequeñas cantidades de moléculas
del
CMH y otras moléculas marcadoras de superficie (CD40, CD54, ICAM-1, CD58,
LFA-3,
CD80
y CD86)36, normalmente quiescentes, estas CD comienzan a migrar a través
de algún tejido en respuesta a la presencia de citoquinas como el TNF-α,
IL-1β, IFN-α, la proteína macrófagica
inflamatoria-1α
(MIP-1α).
Una
vez que las CD entran a un sitio junto con otras CPA como los macrófagos,
pueden tomar
partículas
y comenzar a madurar17, este proceso disminuye la habilidad de las CPA para
posteriores endocitosis de moléculas y permite a las CD comenzar a
presentar péptidos sobre los receptáculos de las moléculas CMH-I y
CMH-II.
Este
período de maduración toma solo 24 horas y durante este tiempo las CD
comienzan a moverse hacia los órganos linfoides como los ganglios y el
bazo.
Dentro
de estos órganos linfoideos estas CD son expuestas a millones de células
T naive36 , allí los
complejos
compuestos por los péptidos y los CMH son presentados en la superficie de
las CD
lográndose
contactos con los receptores de las células T (TCR) hasta localizar uno
capaz de
çreconocer
al péptido presentado.
Cuando
este contacto se logra, se acepta que comienza la respuesta inmune con lo
que se ha dado en llamar señal 137; esta señal no es suficiente para activar a una célula T
naive, necesitándose una segunda señal que involucra a la reacción de
adhesión y las moléculas coestimulatorias con la célula T a lo que se
denomina señal 238.
Desde
1994 un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Salud de EE.UU.39ha
propuesto
a las señales de peligro como parte del modelo de inmunidad sugiriendo
que el sistema
inmunitario
responde a las sustancias que causan “daño” más que a aquéllas que
son simplemente
“extrañas”.
Algunas de éstas son señales endógenas de peligro40 (tabla 1) que
se liberan en los tejidos que sufren algún stress, daño o por medio de células
en proceso de muerte no apoptótica, pero también existen señales exógenas
de peligro (tabla 2) que son elaboradas por los gérmenes patógenos.
Dentro
de las señales endógenas se consideran:
Las
proteínas por shock de calor o proteínas de stress o HSP que se expresan
cuando las células
son
estresadas por calor, por pérdida de flujo circulatorio o por acción de
metales pesados entre
otras
circunstancias. Cuando estas condiciones existen las HSP se unen a las
proteínas desnaturalizadas previniendo la formación de agregados patológicos41.
Recientemente se ha demostrado que las células necróticas, pero no las
apoptóticas pueden liberar HSP y que ellas, las
necróticas,
pueden activar a las CD42
Los
nucleótidos intracelulares como el ATP y UTP, cuya función es actuar en
el metabolismo
energético
y que normalmente son acumulados en el citosol, pueden ser liberados por
una gran
cantidad
de células en condiciones de hipoxia, isquemia, inflamación o aun por
estrés mecánico,
sustancias
que una vez libres pueden activar a las CD por sí mismas o en conjunto
con el TNF-α.
Las
sustancias intermediarias oxígeno reactivas, que pueden activar a
NF-κB
Los
productos de la ruptura de la matriz extracelular Los neuromediadores
como el péptido vasoactivo intestinal (VIP) y las citoquinas y los
interferones, como el TNF-α y la IL-1β; en estos casos ambas
sustancias son producidas por las células T activadas o las CD y actúan
como señales de retroalimentación. Sin embargo, ambas sustancias son
también señales principales de peligro. Por ejemplo, la Il-1 es inducida
en los queratinocitos por los estímulos inflamatorios, y
el TNF-α es producido por el miocardio dañado43
a punto tal que la
presencia en suero de un
activador
de las CD podría ser la razón por la que tan a menudo se detectan
autoanticuerpos contra las células miocárdicas luego de un infarto
agudo.
Se
postula también que las CD pueden ser activadas por el daño o
simplemente el sufrimiento
de
ellas, las CD como células, por ejemplo, por la acción de compuestos
varios como
NiCl2,
MnCl2, CoCl2 o el SnCl2 que inducen la maduración de las CD, y que
bloquean los canales
iónicos
de las membranas celulares interfiriendo en el metabolismo energético.
También entran
dentro
de esta categoría distintos alergenos como el trinitroclorobenzeno (TNCB)
o el dinitroclorobenzeno (DNCB).
Últimamente
ha sido posible demostrar que la señal endógena de peligro que parte de
las células
en
sufrimiento reside en la presencia en ellas del ácido úrico que es el
resultado final del
metabolismo
de las purinas cuando se degradan el ADN y el ARN de las mismas44.
Lo
Propio, Lo No Propio y El Peligro
Es
de interés aquí recapitular las ideas sobre “lo propio” y “lo no
propio” y su posible vigencia hoy
luego
de más de cincuenta años de elaborada la teoría.
Fue
Burnet quien propuso que las células B transportaban receptores antígeno-específicos
y
que
la interacción de éstos con el antígeno encendía una señal (hoy
conocida como señal 1) 1
que
era suficiente para activar a las células B e iniciar una respuesta
inmunológica, agregando
más
tarde que para que las respuestas fueran dirigidas contra lo “no
propio” las células
autoreactivas
son eliminadas en forma temprana2.
Esta
idea perduró hasta 1969, momento en el que se agregó una nueva célula
al modelo, fue cuando Bretscher y Cohn45
postularon que las
células B luego de la activación por el encuentro con un antígeno,
sufren una hipermutación de sus receptores antígeno específicos
pudiendo llegar al
desarrollo
de una autoinmunidad, para evitar esto sugirieron y demostraron que existía
una segunda señal, (señal 2) que denominaron “help” a partir de un
linfocito helper, y que de no recibirla en forma rápida la célula B
muere.
Hoy
se sabe que el linfocito B toma el antígeno al cual se unió, lo
internaliza, lo procesa y lo
reexpresa
en forma de complejo CMH-II + antígeno a la espera del reconocimiento por
la
célula
T helper, la que luego envía señales de ayuda utilizando las moléculas CD40,
IL-2, IL-4,
IL-5.
Para esto la célula B sólo puede esperar alrededor de 24 horas, lapso
después del cual si no
ha
recibido la señal de ayuda, muere. En 1974 Cunningham y Lafferty
modificaron este
esquema
agregándole otra célula, a la que denominaron “célula accesoria”46 y
que
corresponde
a las CPA de hoy, sumando así otra señal, la de “coestimulación”
(señal 3), el dilema
que
pretendían resolver era que existe la demostración de que las células T
responden
mucho
más fuertemente a una célula perteneciente a su misma especie que a una
de otra
especie.
Para
esto, los autores propusieron que la célula T necesita una “señal
coestimulatoria” que es
provista
por la célula CPA, pasaron entonces trece años hasta que en 1987 se
lograra el
descubrimiento
de la existencia de las “moléculas coestimulatorias” B7.1, B7.2,
CD28, CTLA-4,
CD40
y sus ligandos.
La
explicación de esta tardanza en el descubrimiento la encuentra Matzinger48 precisamente
en
que este razonamiento no encajaba en la teoría del modelo “propio-no
propio”, porque la
coestimulación
llega desde las CPA que no pueden distinguir entre lo propio y lo no
propio
debido
a que ellas no tienen receptores antígenoanticuerpo clonalmente
distribuidos.
Este
aspecto crucial fue dilucidado por Charles Janeway (Jr) en 1989 al
expandir el concepto de
“propio
y no propio” incluyendo un conjunto de células codificadas genéticamente
capaces de
reconocer
elementos no propios distantes en la evolución49.
Para
poder explicar esto Janeway propuso y se demostró luego, que las CPA
expresan en la
superficie
de la membrana “receptores de reconocimiento de patentes” (RRP) que
reconocen
secuencias peptídicas conservadas de moléculas encontradas sólo en
“organismos
evolucionariamente
distantes”, como las bacterias, tal es el caso de los lipopolisacáridos
(LPS).
El
contacto con estas patentes de antígenos induce la activación de las
CPAque están en reposo, éstas internalizan al antígeno, lo procesan y
reexpresan a los antígenos bacterianos como péptidos en las moléculas
del CMH clase II, las que a su vez activan a las moléculas
coestimulatorias para
activar
a las células T e iniciar la respuesta inmune adaptativa. Pero todo este
esfuerzo de los investigadores de la segunda mitad de la centuria anterior
no puede explicar la respuesta inmunitaria a los transplantes y a los
tumores.
Para
poder contestar a esto la investigadora del Instituto Nacional de Alergia
y Enfermedades
Infecciosas
del NHI, Polly Matzinger propone abandonar el punto de vista de control de
lo
“propio-no
propio” para
tomar la idea del “modelo del peligro”50
, basándose
en la idea de
que
las señales controlantes son endógenas y no exógenas, por lo que las señales
de alarma
estarían
dadas por los tejidos estresados o injuriados.
Como
ella misma lo explica, para seguir con la tradición agrega una nueva célula
al esquema y
otra
señal. Introduce en el diálogo a cada tejido del organismo, sugiriendo
que en última instancia,
ésas
son las células que controlan a la inmunidad, dándoles el carácter de
últimas porque no quedan en la economía otras células fuera del
esquema.

Figura
2 Esquema de activación del sistema inmunologico . Según Matzinger (Scand
J. Inmunolog 2001-5414-9)
Propone
que las células normales de todos los tejidos del organismo, cuando
sufren un estrés
envían
una señal que ella denomina de “peligro” o “alarma” o “señal
cero” que sirven para activar a
las
CPA, asumiendo entonces que estas células no son capaces per se de enviar
señales
coestimulatorias,
sino que necesitan ser activadas por la “señal de peligro”.
Sin
embargo, al contrario del modelo ampliado de “propio-no propio”, que
sostiene que una señal de lo “no propio” es esencial, el “modelo
del peligro” sugiere que el estado de la activación de una CPA depende
de la salud de las células en su vecindad.
Las
células sanas no envían señales de peligro y de hecho, pueden enviar señales
que “apagan” o
“tranquilizan”
a las CPA locales, mientras que las “células dañadas”, entendiendo
por tales a las
células
que se dañan anormalmente, o que mueren por una muerte anormal no apoptótica,
o se
destruyen
necróticamente51, deben activar a las CPA.
En
contraposición a esto, las células que mueren por un proceso de la
“muerte normal” o “muerte
programada
por mecanismo apoptótico” envían la señal de “ingiéranme” a una
célula vecina sin
inducir
la expresión de señales de coestimulación. De esta manera la idea de
Matzinger es que la
noción
de “extraño” de un germen patógeno o una toxina no es
relevante para la activación de
una
respuesta inmune. De hecho un agente extraño que no provoque injuria no
evoca una
respuesta,
más allá de lo diseminado que esté en el organismo, en cambio una
anormalidad
fisiológica
que provoque “estrés” o “injuria” en cualquier
tejido y en “cualquier intensidad” va a
provocar
una respuesta aún en “ausencia de lo extraño”.
Según
lo que expresa la autora... “este cambio de punto de vista podrá
explicar el mecanismo de las señales de alarma, la necesidad de los
adyuvantes en las vacunas, como el sistema inmunitario
puede
adaptarse constantemente a los cambios de “lo propio”, por qué la
madre no rechaza a su feto, porqué los transplantes son rechazados, por
qué los tumores no son rechazados comúnmente aún cuando sus células
transporten “antígenos extraños específicos tumorales”,
porqué a
menudo
respondemos pobremente a las parasitosis, también explicaría la
diferencia entre
la
tolerancia oral y la vacunación oral, la diferencia entre la terapia génica
(sin respuesta
inmunitaria)
y la vacunación con ADN, las causas de la enfermedad de injerto versus huésped;
las
causas
de las enfermedades autoinmunes, la alergia, la anergia y el asma, y
finalmente las
respuestas
inmunitarias que ocurren en ausencia de peligro....52”
Quizás
sea necesario pensar como lo hace Cohen 20,
que “...existe un “diálogo inmunológico” debido a que el
sistema inmunitario intercambia continuamente señales moleculares con su
interlocutor, el organismo.
Además
tanto el organismo como el sistema inmunitario ajustan constantemente su
conducta a
la
luz de las señales que uno recibe del otro. Y no hay nada de mágico en
esas señales; son
meramente
antígenos, anticuerpos, moléculas accesorias, citoquinas, quemoquinas,
moléculas
de
adhesión, mediadores inflamatorios, enzimas, receptores libres o de
membrana, factores del
complemento,
factores de la coagulación, glicosaminoglicanos, moléculas lipídicas,
esteroides
y hormonas proteicas y todo el resto de los agentes que influencian la
conducta mutua de las células inmunológicas y los tejidos celulares,
creando finalmente un “sistema reactivo”, el
sistema
inmunológico 20 .....”.
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