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INTRODUCCIÓN
La fibrilación auricular (FA) no sólo es la arritmia más frecuente sino que
lo será en el futuro1. El incremento de la expectativa de vida de la
población general, y de la sobrevida de los pacientes con cardiopatía,
determinan una tendencia al aumento permanente de la incidencia de FA.
En los últimos años es notable la intensificación de la búsqueda de mejores
terapéuticas para los pacientes con FA. Una repercusión de este fenómeno es
el mejor conocimiento de su fisiopatología.
El concepto: "FA genera más FA", basado en la detección de un marcado
acortamiento de la refractariedad auricular con la persistencia de la
arritmia2, y las dificultades para recuperar y para mantener el ritmo
sinusal sin mayores compli-caciones3-5, han planteado una controversia,
cuya resolución es el verdadero desafío que propone hoy el tratamiento de
los pacientes con FA.
¿POR QUÉ SE DEBE MANTENER EL RITMO SINUSAL?
De acuerdo con el estudio de Framingham, una vez instalada la FA, existe un
marcado incremento en la morbimortalidad6. El riesgo de muerte aumenta
entre 1,7 a 1,8 veces en presencia de FA, mientras que la mortalidad
cardiovascular se duplica. La embolia aumenta entre 2 y 7 veces cuando se
compara la evolución de los pacientes en FA con aquellos que continuaron en
ritmo sinusal7. Estas cifras nos inducen a pensar que se debe evitar la
persistencia de la FA, lo que impone un análisis de las condiciones que
perpetúan la arritmia.
Durante una FA, el mapeo de la superficie auricular permite identificar una
cantidad de frentes de onda que transcurren en diversas direcciones con
fenómenos de colisión. Esta actividad eléctrica desorganizada impide el
control del ritmo cardíaco por parte del nódulo sinusal.
En ausencia de obstáculos anatómicos, la propagación del impulso eléctrico
depende de las características electrofisiológicas del tejido (velo-cidad
de conducción: VC y período refractario: PR). Su perpetuación obedece a un
mecanismo de reentrada funcional, cuyo factor limitante es la longitud de
la onda de activación (LO)8.
LO = VC x PR
De esta manera, a la reducción del período refractario o de la velocidad de
conducción -o de ambos- le corresponde un decremento de la longitud de
onda, con formación de circuitos pequeños.

Figura 1: El menor tamaño de
los circuitos en A, determina la existencia de un número mayor que en B, en
donde se puede alcanzar un número similar sólo si el continente (superficie
auricular) es de mayor dimensión (línea de puntos).
perpetuación de la FA se
necesita la presencia sostenida de un número adecuado de circuitos (> 6), y
es obvia su dependencia del tamaño de la superficie auricular (figura 1).
Una vasta información bibliográfica correlaciona la persistencia de la
arritmia con el incremento de las dimensiones auriculares. Kopecky y col9.,
en su descripción de la evolución natural de los pacientes con FA sin
cardiopatía, encontraron que el 21% desarrolló FA crónica, con
agrandamiento auricular en el 25% de la serie. A su vez, Henry y col.10
demostraron una relación cuantitativa entre el tamaño de la aurícula y la
presencia o ausencia de FA. Asimismo, el agrandamiento idiopático de la
aurícula derecha o de ambas aurículas reportado por numerosos autores11-16,
en pacientes sin enfermedad miocárdica o valvular, reconoce como motivo de
consulta a una larga historia de paroxismos de FA.
Por su parte, Sanfilippo y col.17, en un estudio sobre las variaciones de
las dimensiones ecocardio-gráficas auriculares en la FA solitaria,
deter-minaron que el primer factor en la génesis del incremento observado
en los diámetros es precisamente la FA, y que el mantenimiento del ritmo
sinusal previene la progresión del agrandamiento auricular. Petersen y
col.18 demos-traron que el incremento en las dimensiones auriculares de los
pacientes con FA depende del tiempo de evolución de la arritmia: a similar
antigüedad de la FA, correspondería un diámetro auricular izquierdo
semejante.
Este enfoque nos permite reconocer dos aspectos:
1. Con el ritmo sinusal preservado, las dimensiones auriculares pueden
permanecer estables.
2. El agrandamiento auricular manifiesto condiciona la persistencia de la
FA.
Por lo tanto, una razón para mantener el ritmo sinusal en los pacientes con
episodios de FA, es impedir el agrandamiento auricular, que a su vez
contribuye a perpetuar la arritmia.
En los últimos años, las investigaciones sobre modificaciones
electrofisiológicas permanentes en el tejido auricular de los pacientes con
FA, han dado origen al concepto de "remodelamiento eléctrico". En
particular, el acortamiento del período refractario auricular asociado con
persistencia de la FA es una condición que facilita el afianzamiento de la
arritmia. Así fue planteado por Allessie19, quien además planteó incógnitas
aún vigentes (tiempo requerido en FA, reversibilidad del fenómeno, canales
iónicos involucrados, mecanismo de transducción de la señal intracelular,
capacidad de memoria celular, impacto de las drogas antiarrítmicas,
vinculación con el remodelamiento contráctil ventricular, repercusión
clínica de los hallazgos). La falta de respuestas contundentes refleja la
complejidad del fenómeno.
Cuando se logra recuperar el ritmo sinusal, surge otro aspecto de interés:
la reaparición de FA en forma temprana. Este fenómeno, denominado ERAF ("early
recurrence of atrial fibrillation"), alude a la recurrencia de FA durante
las 24 horas posteriores a una cardioversión eléctrica exitosa. Se ha
reportado su ocurrencia entre 5 y 70% de los casos. Un rango de prevalencia
tan amplio, pone en evidencia la participación de múltiples factores, de
los cuales el tiempo de evolución de la arritmia, el antecedente de
episodios similares, la presencia de cardiopatía, el tratamiento
farmacológico previo, son sólo algunos20-22.
Sticherling y col.23 demostraron que la adminis-tración de ibutilida o
verapamilo por vía intra-venosa antes y durante la cardioversión eléctrica
de una FA inducida, se correlacionó con un período refractario auricular
efectivo más prolongado que en los sujetos no tratados. La reinducción de
FA también fue menor, mientras que la duración de la longitud promedio del
ciclo de la FA reinducida fue mayor en aquellos tratados con ibutilide.
Otros autores reportaron hallazgos similares24,25.
Este fenómeno probablemente signifique otra expresión del remodelamiento
eléctrico determinado por la FA previa, y lleva a pensar que el ritmo
sinusal registrado en el electrocardiograma es inestable porque persiste un
sustrato para FA en el tejido, aun cuando puede ser una situación
reversible.
¿ CUÁNDO SE DEBE MANTENER EL RITMO SINUSAL?
La curva que grafica la prevalencia de FA en la población general
experimenta un cambio agudo de su pendiente en la medida en que el
individuo envejece (figura 2). Esta característica se ha repetido en la
mayoría de los grandes estudios epidemiológicos26-29.
Nos aventuramos a plantear la probabilidad de condiciones naturales que
facilitan la aparición de la arritmia cuando el individuo se acerca al
último tramo de su expectativa de vida.
En fecha reciente se conocieron los resultados de dos estudios
multicéntricos sobre estrategias terapéuticas en la FA, a propósito del
dilema de evitar la permanencia de la arritmia en los sujetos añosos. El
estudio AFFIRM30 (Atrial Fibrillation Follow-up Investigation of Rhythm
Management) y el estudio RACE31 (RAte Control vs Electrical cardioversion),
si bien no incluyeron poblaciones idénticas, a grandes rasgos se puede
decir que son comparables (tabla I).
Ambos estudios coinciden en el objetivo de evaluar las estrategias de
mantenimiento del ritmo sinusal versus el control de la frecuencia
cardíaca.
El AFFIRM incluyó a pacientes con FA de reciente inicio y algún otro factor
de riesgo embólico, con una edad de 70 ± 9 años. Su resultado principal fue
la disminución de la mortalidad en el grupo de control de la frecuencia en
comparación con el grupo de control del ritmo cardíaco. También el punto
final secundario (ocurrencia de paro cardíaco, taquicardia ventricular, ACV
isquémico, cantidad de hospitalizaciones), mostró resultados más favorables
entre quienes sólo se controló la frecuencia cardíaca (tabla II).

Figura 2: Prevalencia de la FA
en distintas edades. Estudio de Framingham; CHS: Cardiovascular Health
Study; Rochester: Mayo Clinic Study; * Western Australia.



aleteo auricular de menos de 1 año de duración y antecedentes de
cardio-versión previa. En los aspectos fundamentales, sus resultados se
asemejaron a los del estudio anterior (tabla III).
Ambos trabajos aportan elementos de gran relevancia clínica. En primer
lugar, podemos aceptar que para los pacientes con las condiciones de
inclusión de estos estudios, el empeño en mantener el ritmo sinusal no
agrega beneficios frente al control de la frecuencia cardíaca, en tanto el
paciente se mantenga correctamente anti-coagulado (RIN >2).
Para los individuos menores de 65 años, no se ha demostrado que la conducta
tradicional de agotar las instancias para mantener el ritmo sinusal,
resulte menos beneficiosa que el control de la frecuencia cardíaca.
Existen condiciones que incrementan el perjuicio ocasionado por la pérdida
del ritmo sinusal, más allá de los aspectos que hemos comentado. Así, los
pacientes con estenosis mitral o con prótesis valvulares, presentan un
riesgo de embolia sumamente elevado cuando desarrollan FA32.
La incidencia de embolia en los pacientes con FA no valvular, es de 4,5%
por año. Ese valor se incrementa con el agregado de otros factores de
riesgo embólico (tabla IV). En este sentido, han sido identificados como
factores de riesgo independientes para embolia la hipertensión, el
antecedente de embolia y la diabetes29. Asimismo, la presencia de
cardiopatía isquémica o de insuficiencia cardíaca multiplica por 3 el
riesgo de embolia33, y la tirotoxicosis -especialmente en mayores de 60
años-, es otro factor de riesgo cuando el paciente se mantiene en FA34.
La morbilidad asociada con la FA se manifiesta también por el agravamiento
de la enfermedad cardíaca previa una vez instalada la arritmia. En
presencia de cardiopatía, la FA es un factor de riesgo independiente para
el desarrollo de insuficiencia cardíaca35.
¿CÓMO SE PUEDE MANTENER EL RITMO SINUSAL?
Eliminación del sustrato. Cuando se ha decidido que la insistencia para
mantener el ritmo sinusal será beneficiosa para el paciente, siempre es
conveniente la búsqueda de un mecanismo iniciador de la FA pasible de ser
eliminado36. En este sentido, la presencia de extrasístoles auriculares o
de breves períodos de taquicardia auricular precediendo a la FA constituye
un hallazgo de gran valor para sospechar una FA "focal". Asimismo, el
reconocimiento por parte del paciente de palpitaciones regulares de inicio
súbito en el comienzo de los episodios de FA, también es un dato sugestivo
de la existencia de una taquiarritmia regular asociada.
La identificación de estos sustratos a través del mapeo endocavitario, y el
tratamiento con radiofrecuencia, otorga posibilidades de curación o de
reducción de las recidivas de la FA37. En este sentido, para los casos de
FA focal, el aislamiento de las venas pulmonares se ha convertido en una
expectativa muy esperanzadora. Es oportuno destacar que, en general, el
agrandamiento auricular limita las posibilidades de éxito de estos
procedimientos.
Cuando la pérdida de la contribución auricular al llenado ventricular se
acompaña de síntomas vinculados al deterioro hemodinámico, y la arritmia se
ha instalado de manera persistente, el aislamiento quirúrgico de las venas
pulmonares o la cirugía del laberinto, son dos técnicas que permiten la
recuperación del ritmo sinusal con aceptables resultados38. Con mayor razón
se debe pensar en estas alternativas si el paciente debe ser sometido a una
cirugía cardíaca39.
Cardioversión precoz. Frente a la falla de la cardioversión externa (lo que
ocurre en 10-15% de los pacientes)40, la desfibrilación interna -cuando se
acompaña de umbrales aceptables- da pie a la introducción del desfibrilador
auricular implanta-ble. Esta función se ha comenzado a utilizar como
complemento del tratamiento eléctrico de las arritmias ventriculares
malignas con los cardio-versores y desfibriladores implantables. La
generalización de dispositivos exclusivos para el tratamiento de la FA aún
no ha superado la barrera del disconfort, de manera que sus indicaciones
continúan siendo muy limitadas41.
Uso de los fármacos antiarrítmicos. Si se opta por el tratamiento
farmacológico, es preciso formular algunas consideraciones. En aquellos
pacientes con buena función ventricular y sin secuela de infarto, las
drogas bloqueantes de los canales de sodio (drogas de clase I) como la
flecainida o la propafenona, han demostrado eficacia y buena tolerancia
para evitar las recurrencias de FA; sin embargo, debido a su potencialidad
proarrítmica, no recomendamos asociarlas con otros fármacos antiarrítmicos.
Frente a recurrencias de FA es prudente la rotación del fármaco. Entre los
bloqueantes de los canales de potasio (drogas de clase III, que prolongan
la refractariedad), siempre es más conveniente optar por aquél con menor
riesgo de efectos indeseables. Entre las drogas disponibles en nuestro
medio, el sotalol es efectivo y bien tolerado cuando la función ventricular
no presenta grave deterioro. De lo contrario, la amiodarona es
prácticamente la única alternativa. Los efectos adversos, en general,
obstaculizan su uso como droga de primera línea para el tratamiento de la
FA (tabla V).
Los ß-bloqueantes están indicados cuando la FA se desencadena, de manera
reproducible, durante el ejercicio físico o el estrés. Este tipo de
arritmia, conocida como "FA adrenérgica", también es curable mediante
desconexión de las venas pulmonares42.
Para el tratamiento de la FA vinculada al hipertiroidismo, los
ß-bloqueantes son las drogas de elección, y deben acompañarse del
tratamiento antitiroideo específico.
Aspectos vinculados a la cardioversión progra-mada. Cuando es necesario
recuperar el ritmo sinusal se deben buscar indicadores de la existencia de
trombos auriculares. La anticoagulación efectiva (RIN entre 2 y 3) durante
3-4 semanas reduce en un 80% las posibilidades de trombo-embolismo
vinculado al proceso de cardioversión43. Durante aproximadamente tres
décadas, esta práctica resultó aceptable44.
Por su parte, el ecocardiograma transesofágico permite la detección de
trombos aun en locali-zaciones inaccesibles al estudio transtorácico, como
es la orejuela auricular izquierda. Desde su introducción, fue posible la
cardioversión temprana, aunque la presencia de complicaciones vinculadas al
procedimiento45 y la baja frecuencia de embolias con la metodología
tradicional (menos del 1%), llevó a controversias acerca de su uso en forma
sistemática.
En los últimos años, nuevas investigaciones han rescatado el beneficio del
ecocardiograma trans-esofágico en la cardioversión precoz de la FA, sin
necesidad de anticoagulación previa46. El esquema más apropiado fue el
inicio de la anticoagulación


concomitante a la realización del estudio transesofágico, y su
mantenimiento durante un mes poscardioversión47. La posibilidad de
trombosis entre la finalización del estudio y la cardioversión, y el lapso
de tiempo entre la recuperación del ritmo sinusal y la contracción
auricular efectiva después de la cardioversión, son los dos fenómenos que
explican este resultado. La objeción del costo del procedimiento, se
compensa con la reducción de la internación48.
¿POR QUÉ SE DEBE CONTROLAR LA FRECUENCIA CARDÍACA?
La asociación de taquiarritmias incesantes con función ventricular
deteriorada es harto conocida49-53. La frecuencia cardíaca aumentada de
manera persistente repercute sobre la eyección sistólica y el volumen de
fin de diástole ventricular; más tardíamente, se produce el deterioro de la
función sistólica. Este fenómeno -confirmado con ecocardiografía- es de
carácter reversible, lo que se demostró con el advenimiento del tratamiento
ablativo54.
Cuando se trata de una FA, a la frecuencia ventricular elevada, se suman la
pérdida de la contribución auricular al llenado ventricular y la
irregularidad del intervalo diastólico. Este último determina oscilaciones
permanentes del volumen de fin de diástole. La repercusión hemodinámica de
estos tres factores ha sido motivo de estudios55,56.
Los cambios abruptos de la longitud del ciclo RR provocan anomalías de la
contractilidad del miocardio. La reducción del gasto cardíaco durante FA se
reduce entre 15 y 25%57-59.
El examen histológico revela pérdida de miocitos con remodelado por
hipertrofia reaccional, y en el nivel celular, una reducción de la
concentración de calcio60.
Todos estos cambios, en el marco estructural de la dilatación de ambos
ventrículos, constituyen una entidad denominada "taquicardiomiopatía"61. La
prevención de su aparición o su reversión son el fundamento para mantener
la frecuencia cardíaca controlada en los pacientes con FA persistente62.
¿EN QUÉ CASOS SE OPTA POR EL CONTROL DE LA FRECUENCIA CARDÍACA?
En principio, siempre que la elevada frecuencia ventricular produzca
síntomas, la misma se debe normalizar. La desaparición de los síntomas es
un parámetro de eficacia, aunque la elevada variabilidad interpersonal del
umbral de percep-ción determina la imprecisión de este criterio en los
pacientes con FA.
Una valoración más objetiva es posible a través del Holter. Se puede decir
que la frecuencia cardíaca está controlada si el promedio se mantiene por
debajo de 90 lat/min en el Holter de 24 horas63. Sin embargo, también es
necesario controlar la frecuencia cardíaca durante la actividad física.
Para ello se utiliza -con cierta frecuencia- la caminata de 6 minutos, de
manera que al final de la misma la frecuencia cardíaca no supere los 110
lat/min.
En fecha reciente se ha propuesto una metodología muy sencilla para evaluar
el control de la frecuencia cardíaca cuando los pacientes se mantienen en
FA64. Si a la frecuencia cardíaca del registro electrocardiográfico basal
se le restan 20 latidos, se obtiene la frecuencia cardíaca mínima en el
Holter, y la frecuencia cardíaca luego de subir y bajar un escalón durante
un minuto equivale a la frecuencia máxima en el Holter de 24 horas. De esta
manera, es posible prescindir del Holter para valorar en el consultorio y
de manera confiable, la eficacia del tratamiento.
¿CÓMO SE PUEDE CONTROLAR LA FRECUENCIA CARDÍACA?
En primer lugar se deben descartar situaciones corregibles que pueden
elevar la frecuencia cardíaca. El hipertiroidismo, la insuficiencia
cardíaca y la hipoxemia crónica son sólo algunas entidades frecuentes.
El uso de fármacos antiarrítmicos (tabla VI) busca reducir el pasaje de
estímulos auriculares de elevada frecuencia a través del nódulo A-V, lo que
se puede lograr por una reducción de la velocidad

de conducción o un aumento del
período refractario65.
Los beta-bloqueantes, los bloqueantes cálcicos y la digoxina son fármacos
efectivos para enlentecer la conducción A-V sin proarritmia potencial.
El tipo de fármaco se debe ajustar de acuerdo con la cardiopatía
subyacente. Si se trata de un sujeto con hipertensión arterial, cardiopatía
isquémica o insuficiencia cardíaca, los beta-bloqueantes serán de primera
elección (en particular, el atenolol cuando la función ventricular está
preservada o el carvedilol en el caso contrario). Si el paciente presenta
contraindicaciones, los beta-bloqueantes se pueden reemplazar por
bloqueantes cálcicos (en particular, diltiazem) o por digoxina si hay mala
función ventricular66-68.
Si pese a la asociación de drogas enlentecedoras de la conducción sobre el
nódulo A-V, persisten las dificultades para el control de la frecuencia
cardíaca, se puede asociar un fármaco con efecto sobre el período
refractario (amiodarona).
Es posible que se obtenga un adecuado control de la frecuencia cardíaca
durante el día, pero extrema bradicardia durante el descanso, en cuyo caso
se debe indicar un marcapasos definitivo. En este caso, un dispositivo
unicameral resulta adecuado.
Cuando la asociación de fármacos no permite la normalización de la
frecuencia cardíaca, se debe acudir a la ablación del nódulo A-V e implante
de un marcapasos definitivo tipo VVIR. Si bien ocurre una mejoría durante
un lapso de tiempo variable posterior al procedimiento, la estimulación
crónica del ventrículo derecho se acompaña en algunos casos de una
progresión de los signos de insuficiencia cardíaca. Inclusive, se ha
reportado una reversión de los síntomas de insuficiencia cardíaca luego del
cambio por la estimulación biventricular en estos pacientes69.
CONCLUSIONES
El concepto de gatillos iniciadores y sustratos sostenedores de la FA
permite diferenciar dos grupos de pacientes, y con ello, los potenciales
candidatos para diferentes estrategias. Así, el comienzo de la FA a partir
de una extrasístole auricular, de un episodio de taquicardia regular, o en
estado hiperadrenérgico reproducible, sugieren la posibilidad de evitar las
recurrencias de la FA desde la eliminación del gatillo, en especial si el
paciente no tiene cardiopatía y las dimensiones auriculares están
preservadas.
Por otra parte, la permanencia prolongada en FA y el agrandamiento
auricular representan sustratos sostenedores de la arritmia. En estas
condiciones, la recuperación del ritmo sinusal es incierta, y su
mantenimiento, dificultoso. Si además el paciente es añoso, el control de
la frecuencia cardíaca parece la conducta más apropiada.
Entre estas dos tendencias se ubica una población intermedia en la que no
es posible estandarizar el beneficio de una u otra indicación. Esto plantea
la necesidad de una conducta personalizada.
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