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CASO CLÍNICO
Paciente de sexo femenino, de 22 años de edad, que presenta dolor punzante,
bien localizado y constante en la articulación coxofemoral izquierda;
acompañado por fiebre, de 6 meses de evolución. Actualmente el dolor no
cede con el reposo o analgésicos comunes. Refiere leve alivio del dolor con
la dorsiflexión del muslo sobre la cadera (posición antálgica). La
impotencia funcional que se observa (no hay inmovilidad total), coincide
con el aumento del dolor durante el movimiento. El dolor en la articulación
coxofemoral izquierda, en algunas ocasiones irradiaba a la pierna (ciatalgia).
Inicialmente el dolor era de corta duración y calmaba con el reposo o
analgésicos comunes. Luego fue aumentando en frecuencia e intensidad hasta
que dejó de responder a los AINEs. Presenta además fiebre, que aparece y
desaparece sin una relación directa (de causa-efecto) con el dolor. La
paciente refiere que la fiebre ha cedido espontáneamente pero que también
requirió la utilización de antitérmicos.
Durante este tiempo, se le realizaron exámenes de laboratorio que no
arrojaron anormalidades, excepto por la aparición de una ASTO elevada
(373). En respuesta a esto se realiza hisopado de fauces que se presenta
positivo para estreptococo pyógenes. Por esto se la medica con penicilina
benzatínica 1.400.000 U y más adelante con penicilina VO 1.000.000.
No se encontraron otras alteraciones, pero la paciente, a pesar de haber
cumplido con su esquema antibiótico, continúa con el dolor y la fiebre.
Como antecedentes personales: varicela, rubéola y paperas. Amigdalectomía
bilateral. Displasia mamaria. No refiere antecedentes familiares.
Al ingreso, los datos positivos del examen físico:
-peso de ingreso: 43.300 Kg, peso referido:
44 Kg
-soplo sistólico, de intensidad 2/6, con máxima auscultación en mesocardio,
sin irradiación.
-tumoración en FII y flanco I
-adenomegalias inguinales: bilaterales, pequeñas y móviles.
Evolución:
Durante la internación la paciente evoluciona estable, con picos de
temperatura (de entre 37.7 y 38.2ºC) y dolor (que logra controlarse con
AINES antes del alta).
Exámenes complementarios
CASO CLÍNICO
Paciente de sexo femenino, de 22 años de edad, que presenta dolor punzante,
bien localizado y constante en la articulación coxofemoral izquierda;
acompañado por fiebre, de 6 meses de evolución. Actualmente el dolor no
cede con el reposo o analgésicos comunes. Refiere leve alivio del dolor con
la dorsiflexión del muslo sobre la cadera (posición antálgica). La
impotencia funcional que se observa (no hay inmovilidad total), coincide
con el aumento del dolor durante el movimiento. El dolor en la articulación
coxofemoral izquierda, en algunas ocasiones irradiaba a la pierna (ciatalgia).
Inicialmente el dolor era de corta duración y calmaba con el reposo o
analgésicos comunes. Luego fue aumentando en frecuencia e intensidad hasta
que dejó de responder a los AINEs. Presenta además fiebre, que aparece y
desaparece sin una relación directa (de causa-efecto) con el dolor. La
paciente refiere que la fiebre ha cedido espontáneamente pero que también
requirió la utilización de antitérmicos.
Durante este tiempo, se le realizaron exámenes de laboratorio que no
arrojaron anormalidades, excepto por la aparición de una ASTO elevada
(373). En respuesta a esto se realiza hisopado de fauces que se presenta
positivo para estreptococo pyógenes. Por esto se la medica con penicilina
benzatínica 1.400.000 U y más adelante con penicilina VO 1.000.000.
No se encontraron otras alteraciones, pero la paciente, a pesar de haber
cumplido con su esquema antibiótico, continúa con el dolor y la fiebre.
Como antecedentes personales: varicela, rubéola y paperas. Amigdalectomía
bilateral. Displasia mamaria. No refiere antecedentes familiares.
Al ingreso, los datos positivos del examen físico:
-peso de ingreso: 43.300 Kg, peso referido:
44 Kg
-soplo sistólico, de intensidad 2/6, con máxima auscultación en mesocardio,
sin irradiación.
-tumoración en FII y flanco I
-adenomegalias inguinales: bilaterales, pequeñas y móviles.
Evolución:
Durante la internación la paciente evoluciona estable, con picos de
temperatura (de entre 37.7 y 38.2ºC) y dolor (que logra controlarse con
AINES antes del alta).
Exámenes complementarios Previos a la internación
-26/03/2003: antiestreptolisina 0, valor: 373 -03/04/2003: urocultivo
negativo; leucocitos 20
- 25 por campo, piocitos 2-3 por campo -12/05/2003: ecografía renal y
vesical: sin hallazgos patológicos -14/05/2003: antiestreptolisina 0,
valor: 1132 -19/05/2003: hisopado de fauces positivo para
estreptococo pyógenes -25/05/2003: ecografía abdominal: sin hallazgos
patológicos -23/06/2003: antiestreptolisina 0, valor: 932 -factor
reumatoideo: 0 -proteína C reactiva: 12,2.
Durante la internación
Rx Tórax: sin hallazgos patológicos
ECG: dentro de parámetros normales
Rx Pelvis: sin hallazgos patológicos (¿?)
TAC de pelvis sin contraste
Se observa una masa sólida en FII de amplia superficie de contacto con el
hueso ilíaco subyacente, determinando áreas de osteólisis en el mismo,
extendiéndose hacia la fosa glútea del mismo lado, comprometiendo
fundamentalmente al glúteo menor y medio.
La afectación del hueso ilíaco compromete ambas corticales, observándose
áreas de reacción perióstica en estallido y áreas de permeación ósea hacia
los márgenes. El tamaño máximo de esta masa, incluyendo su componente
intrapelviano-subperitoneal de extrapelviano-fosa glútea es de 85 mm
aproximadamente en sentido transversal-oblícuo, de 70 mm en sentido
anteroposterior y de unos 76 mm aproximadamente en sentido cráneo-caudal.
En sentido distal también se observa aumento de tamaño del músculo psoas
ilíaco y de su tendón hasta la altura aproximada de la espina ilíaca
antero-inferior; no se descarta una pequeña acumulación de líquido a dicho
nivel.
No se observan otras áreas de osteólisis en el resto de los sistemas óseos
examinados.
La articulación coxofemoral está respetada. El componente
intrapelviano-extraperitoneal de esta formación, determina desplazamiento
en sentido antero-medial del músculo ilíaco izquierdo y del músculo psoas
del mismo lado, incluyendo el pedículo vascular ilíaco izquierdo.
No se observan conglomerados adenomegálicos en el presente estudio. Los
restantes órganos pelvianos conservan su aspecto topográfico habitual.
TAC de tórax, abdomen y pelvis con y sin contraste
Tórax
El mediastino se encuentra centrado, su configuración vascular es normal.
No se reconocen adenomegalias mediastino-hiliares o axiales. Tráquea y
grandes bronquios permeables.
No se observan lesiones focales o áreas de consolidación en el parénquima
pulmonar, tampoco se reconocen efusiones pleuro-pericárdicas.
Los cortes que exploran el abdomen superior no muestran hallazgos
destacables.
Abdomen
Fondos de saco pleurales libres. El hígado conserva su morfología y tamaño
habitual, su estructura es homogéneo. No hay dilatación de la vía biliar
intra o extrahepática. El contenido de la vesícula biliar es homogéneo por
este método.
Bazo, páncreas y adrenales conservadas.
Riñones normoposicionados, conservan su morfología y tamaño habitual; no se
observa dilatación del sistema excretor.
La concentración y eliminación del medio de contraste es bilateral y
simétrica.
El retroperitoneo prevertebral se encuentra libre.
No se reconoce líquido libre en la cavidad abdominal.
Pelvis
Se describe formación sólida en hueso ilíaco-izquierdo. La misma muestra un
componente intrapelviano-extraperitoneal y un componente que se extiende
hacia la fosa glútea.
Esta formación muestra un refuerzo heterogéneo después de la administración
de contraste endovenoso y determina desplazamiento en sentido medial del
músculo ilíaco y del músculo psoas del mismo lado, con desplazamiento
también del pedículo hipogástrico e ilíaco externo izquierdos.
También existe una suave compresión en las asas ileales vecinas.
No se logran demostrar adenomegalias ilíacas o inguinales.
RMN de pelvis
Se observa lesión expansiva en hemipelvis izquierda que impresiona tener
origen en hueso ilíaco, y que presenta una extensa área lítica.
La lesión muestra un componente intra y otro extrapelviano, de tamaños
disímiles. El componente intrapelviano, el mayor, compromete el músculo
ilíaco y desplaza en sentido medial al músculo psoas y por tanto al paquete
vasculonervioso y al uréter.
Por su sector anterior se aproxima al sector distal de músculos oblicuos y
transverso del abdomen, sin infiltrarlos. El componente extrapélvico
comprime y desplaza al compartimento muscular glúteo (mediano y menor).
La lesión, en conjunto, es de morfología redondeada y alcanza un diámetro
máximo de 9 mm aproximadamente.
No se observan otras anomalías óseas en las restantes estructuras
examinadas.
Órganos intrapelvianos sin hallazgos reseñables.
No impresionan existir adenomegalias.
Punción de médula ósea con anatomía patológica de Sarcoma de Ewing.
Al llegar a este punto, la paciente es derivada al Hospital de oncología.
DESAROLLO
El sarcoma de Ewing es un cáncer que afecta principalmente al hueso o al
tejido blando. Es el segundo tumor óseo maligno más común después del
sarcoma osteogénico en niños y adolescentes; pueden surgir en tejidos
blandos y presentarse en una forma similar al rabdomiosarcoma.Su origen es
aún incierto. Usualmente se origina en el hueso, pero ocasionalmente afecta
tejidos blandos. Es el tumor de hueso más común en niños menores de 10
años. La edad pico es la última parte de la primera década y la primera
mitad de la segunda. Es una lesión que crece con mayor frecuencia en la
diáfisis de los huesos largos, sin embargo a menudo es metadiafisario.
Aunque la extensión epifisiaria puede observarse en un 10% de los casos. La
naturaleza agresiva de este tumor incluye osteólisis, erosión cortical y
masa de tejidos blandos y menos frecuentemente periostitis y
osteoesclerosis. Aunque es una lesión medular, puede haber cambios en la
cortical del hueso.
El sarcoma puede desarrollarse en cualquier hueso del cuerpo humano. Afecta
principalmente regiones inferiores del esqueleto: sacro, hueso ilíaco y
huesos de las extremidades inferiores y costillas en aproximadamente dos
tercios de los casos.
Es relativamente poco frecuente por arriba del sacro, hueso del antebrazo,
manos, pies, mandíbula y maxilar, como también en clavícula, base del
cráneo, de la cara y el esternón.
En la columna vertebral, el sacro es el más frecuentemente afectado
siguiendo en orden la columna lumbar, torácica, cervical y región coccígea.
El cuerpo vertebral se afecta primero y comúnmente se extiende a los
elementos óseos posteriores de la vértebra.
A pesar de la localización relativamente infrecuente en la columna del
sarcoma de Ewing primario, el sitio está afectado por metástasis derivadas
del mismo. La lesión lleva a la destrucción ósea seguido de fractura y
colapso (vértebra plana).
También se identifica extensión del proceso a los tejidos paraespinales e
intraespinales, como extensión al cuerpo vertebral adyacente con pérdida de
altura del disco vertebral y diseminación a los pedículos, láminas y
apófisis transversa y espinosa.
En las costillas el sarcoma produce lesiones que son predominantemente
osteolíticas y osteoescle-rosas o ambas. La diseminación del tumor se
extiende al tórax, como una masa extrapleural intratorácica. El gran tamaño
de la masa extrapleural en comparación a la sutil destrucción costal puede
ser notable.
Las células del sarcoma de Ewing también se pueden propagar (por
metástasis) a otras zonas del cuerpo, entre ellas, la médula ósea, los
pulmones, los riñones, el corazón, la glándula adrenal y otros tejidos
blandos. Este tipo de tumor óseo es responsable de alrededor del 30 por
ciento de los cánceres de hueso pediátricos.
El sarcoma de Ewing suele aparecer con mayor frecuencia en niños de entre 5
y 20 años de edad. En la etapa previa a la adolescencia afecta a niños y
niñas en igual proporción. Sin embargo, después de la adolescencia, la
cantidad de varones afectados es algo mayor que la de mujeres. Se ha
sugerido que esta mayor incidencia entre la población masculina se debe a
que su desarrollo es más rápido durante la adolescencia.
La mayoría de los sarcomas de Ewing aparecen como resultado de un
reordenamiento cromosó-mico entre los cromosomas 11 y 22. (La traslocacion
(t11/ 22) (q24/q12) indica Ewing). Este reordenamiento cambia las
posiciones y las funciones de los genes y tiene como consecuencia una
fusión de genes denominada "transcripción de fusión". Más del 90 por ciento
de las personas tiene una transcripción de fusión anormal que afecta a los
genes conocidos como EWS y FLI1. Este importante descubrimiento ha mejorado
el proceso de diagnóstico del sarcoma de Ewing.
Un equipo del Servicio de Anatomía Patológica de la Clínica Puerta de
Hierro, de Madrid, ha descubierto la asociación existente entre la
translocación del gen E1A adenoviral y los tumores de Ewing.
Han explicado que introducido el gen E1A de adenovirus en células humanas
normales se detecta una translocación que es típica de los tumores de Ewing.
Tal como sucede con el sarcoma osteogénico, en el momento del diagnóstico
suele detectarse algún traumatismo o lesión vinculados con el lugar del
sarcoma. Sin embargo, se cree que este traumatismo no tiene ninguna
relación causal con la enfermedad y sólo pone en evidencia la condición.
Algunos médicos clasifican el sarcoma de Ewing como un tumor
neuroectodérmico primitivo (primitive neuroectodermal tumor, PNET). Esto
significa que es posible que el tumor se haya generado en el tejido fetal o
embrionario que dio lugar al tejido nervioso.
Los síntomas pueden incluir, entre otros, a los siguientes:
Dolor alrededor de la zona del tumor.
Hinchazón, enrojecimiento o ambos alrededor de la zona del tumor.
Fiebre.
Pérdida de peso y del apetito.
Fatiga.
Parálisis, incontinencia o ambos (si el tumor se encuentra en la región de
la columna vertebral).
Síntomas relacionados con la compresión de los nervios producida por el
tumor (es decir, adormecimiento, sensación de hormigueo, parálisis ...).
Los procedimientos para el diagnóstico del
sarcoma de Ewing pueden incluir los siguientes:
Radiografía
Centellograma óseo
Resonancia magnética nuclear
Tomografía computarizada
Análisis de sangre
Biopsia del tumor
Aspiración o biopsia de la médula ósea
Los hallazgos radiológicos reflejan la
naturaleza agresiva de la lesión incluyendo osteólisis, erosión cortical,
periostitis y masa de tejidos blandos como osteoesclerosis en menor
porcentaje.
La centellografía muestra hipercaptación del radionucleido en el lugar
afectado por el sarcoma.
La tomografía computada es útil para extensión extra óseo, especialmente
para el cráneo, columna, costillas y pelvis y también en la delineación del
plan preciso para usar durante la terapia radiante y en la evaluación de la
respuesta del tumor a la radioterapia o la quimioterapia. La resonancia
magnética es la modalidad de elección para evaluar la extensión de la
lesión primaria, para monitorear la respuesta a la quimioterapia y el
seguimiento de sarcomas no resecables. Es preferida para tumores de
mediastino posterior. Con respecto a la intensidad de señal las lesiones
intraóseas se presentan un 92% hipointensas en las imágenes ponderadas en
T1 y un 93% hiperintensas en T2, mientras las extraóseas se muestran un 75%
isointensas en T1 y un 100% hiperintensas en T2. La mayoría realzan luego
de la administración del contraste paramagnético.
La diferenciación entre tumor y edema intraóseo no es posible. La
morfología del sarcoma de Ewing en las imágenes por resonancia es bastante
uniforme. La lesión intra y extraósea es marcadamente bien delimitada.
Una buena respuesta a la quimioterapia se manifiesta con un aumento de la
señal del componente extraóseo del sarcoma en T2, junto con cambios del
volumen tumoral. Si no hay respuesta al tratamiento no se demuestran
cambios. Aunque en contraposición se ha observado un aumento en la
intensidad de la señal en T2 de la medula ósea, es decir el componente
intraóseo, no siendo predictivos para la resolución de la enfermedad
maligna dentro del tejido adyacente.
El sarcoma de Ewing es difícil de diferenciar de otros tumores similares.
El diagnóstico se suele realizar por exclusión de otros tumores sólidos
comunes y mediante el uso de estudios genéticos.
En el diagnóstico diferencial del sarcoma de Ewing en mediastino hay que
considerar el neuroblastoma y el linfoma, en pared torácica el tumor
neuroectodérmico primitivo y las lesiones metastásicas.
En columna vertebral se incluyen la osteomielitis tuberculosa o piógena, el
linfoma, leucemia, y secundarismos. La lumbalgia puede ser causada por
discitis en niños mayores de 10 años. Las neoplasias óseas primarias de
columna son infrecuentes, siendo las más comunes el quiste óseo
aneurismático, el osteoblastoma y el osteoma osteoide, menos frecuentes el
ependimoma.
Se estima que entre el 15% y el 30% de los pacientes con sarcoma de Ewing
tienen enfermedad metastásica. El uso de la terapia radiante y la
quimioterapia, algunas veces en combinación con la cirugía ha tenido un
impacto favorable en el pronóstico de estos pacientes. Últimamente se ha
experimentado con el mesilato de imatinib, demostrando resultados
prome-tedores en el sarcoma de Ewing en los ensayos preclínicos. Los datos
que se publican en "The Journal of the National Cancer Institute", indican
que el fármaco induce la muerte celular en los linajes celulares del
sarcoma de Ewing procedentes de ratones.
Un equipo del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos ha examinado
si el fármaco era capaz de inhibir la proliferación celular y el
crecimiento tumoral en este tumor óseo infantil. Para ello, lo probaron en
10 ratones con sarcoma de Ewing humano y en 10 linajes celulares del tumor.
La terapia logró la muerte celular en todos los linajes celulares
analizados, incluso en aquéllos resistentes a la quimioterapia. Esto es
importante porque la quimiorresistencia supone la mayor causa del fracaso
terapéutico.
La cirugía y la radioterapia solas no son adecuadas, debido a la presencia
de micro-metástasis, donde la quimioterapia se ha vuelto efectiva en
eliminar estas células, y obteniendo control local.
El objetivo de la integración de estas tres modalidades es erradicar todo
el tumor mientras se preserva toda la función posible. La extensión de la
enfermedad determina la agresividad del tratamiento.
El pronóstico ha cambiado dramáticamente en caso de enfermedad no
metastásica consiguiendo un control local del tumor en un 80% y produciendo
una sobrevida de 5 años en dos tercios de los pacientes.
DISCUSIÓN
Los síntomas de presentación del sarcoma óseo primario de pelvis, son
comúnmente insidiosos y no específicos. Pueden presentarse con dolor en la
zona glútea, presencia de una masa tumoral, ciatalgia, dolor en la cadera,
columna lumbar y dolor en la ingle. La fiebre puede o no acompañar estos
síntomas.
Los signos y síntomas se muestran durante un largo tiempo, mimetizándose
con otras enferme-dades muscoloesqueléticas no neoplásicas más frecuentes.
Es así que pacientes con sarcomas pueden ser interpretados como hernia de
disco (región lumbar), estenosis espinal, espondi-lolistesis, tendinitis,
bursitis, hernia inguinal, fractura por estrés, quiste pilonidal,
infecciones urinarias a repetición, artritis degenerativa de la columna,
cadera y rodilla.
Pacientes cuyos síntomas salen de los rangos habituales, particularmente
dolor refractario o en reposo, deberían ser evaluados, desde el punto de
vista de la pelvis, con mucho más cuidado, incluyéndose en el examen,
estudios radiográficos de alta calidad.
En cuanto al análisis del retraso en el diagnóstico, se ha visto que existe
un componente que depende del paciente y otro que depende del médico.
El "retraso del paciente" estaría dado por el tiempo que tarda el paciente
desde que se presenta el primer síntoma hasta que se realiza la consulta
con el médico. Se observó que la causa principal del retraso tiene que ver
con que no existía dolor, a pesar de hallarse presente la masa tumoral.
El "retraso del médico" sería el tiempo entre la primera consulta y el
diagnóstico definitivo. Y la razón más frecuente del retraso fue el
diagnóstico erróneo, ya sea basado en los hallazgos clínicos únicamente o
por error a partir de los datos obtenidos por ecografía.
La alta sospecha clínica es la clave para el diagnóstico de estos tumores.
Sería de buena práctica pues, prestar especial atención al patrón del
dolor, realizar un examen físico detallado y seleccionar apropiadamente los
métodos de diagnóstico por imagen (incluyendo la radiografía de pelvis como
parte del proceso de screening inicial).
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