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INTRODUCCIÓN
Tradicionalmente, los médicos hemos sido entrenados para aplicar aquellos
procedimientos diagnósticos y terapéuticos que consideramos son los
"mejores" para el paciente. La medicina basada en evidencias refuerza esta
tendencia presentándonos pruebas científicas sobre la eficacia de tal o
cual práctica. Los algoritmos, generalmente construidos sobre esas
evidencias, nos conducen por la misma senda. Por tanto, esta valoración (lo
"mejor" para) la efectuamos desde la óptica de la medicina. Sin embargo, no
siempre lo que la medicina propone como lo mejor coincide con lo que el
propio paciente entiende que es lo mejor para sí.
La praxis médica, lejos de ser una ciencia exacta, se desenvuelve en un
terreno caracterizado por cierto grado de incertidumbre. No somos los
dueños de la verdad ni tampoco existe una única solución para cada problema
médico. Ello ocurre, simplemente, porque no hay verdades apodícticas en
nuestro quehacer. Lo habitual es, entonces, que sean dos o más las opciones
posibles en cuanto a procedimientos diagnósticos o de tratamiento. La
medicina basada en evidencias pretende reducir el margen de incertidumbre
indicándonos cuál procedimiento está mejor sustentado, por ejemplo, por
ensayos clínicos. En otras palabras, pretende decirnos: "aplique el
tratamiento A porque, de acuerdo a lo que hoy científicamente sabemos, A es
mejor que B". Pero, como decíamos, este proceder olvida la diferencia entre
indicaciones y elecciones y convierte a las indicaciones en imposiciones.
Esta comunicación tiene por objeto presentar el caso de un paciente con
cardiopatía isquémica en el que se decidió respetar la decisión del
paciente a pesar de las "evidencias científicas". Mi propósito es destacar
que la práctica médica debe desenvolverse en un contexto que privilegie al
paciente como persona, permitiendo un abordaje integral del mismo y del
proceso salud-enfermedad.
DESCRIPCIÓN DEL CASO
PG (en adelante, Pablo) es un paciente varón, de 66 años de edad, soltero,
sin hijos, trabaja como músico (toca el bandoneón) en una orquesta de tango
desde los 20 años. Consulta por dolor precordial típico mientras está
realizando una función, hace ya dos meses. No refiere otros dolores
semejantes.
Como antecedentes personales presenta: hipertensión arterial tratada con
dieta hiposódica (que no cumple) y con enalapril 10 mg/día, tiene un
sobrepeso de 10 kg, es fumador de 20 cigarrillos por día y tiene hábitos
sedentarios. No es diabético y su colesterol es de 300 mg % con un riesgo
aterogénico de 6.3.
Sus antecedentes familiares relevantes son: padre fallecido por IAM a los
65 años, un hermano con cardiopatía isquémica tratado con angioplastia en
cuatro oportunidades.
En el examen físico presenta los siguientes datos significativos: una FC de
100/min, algunos estertores subcrepitantes en las bases pulmonares, edema
bimaleolar 2/6, choque de punta sostenido, desplazado 2 cm por fuera de la
línea medio-clavicular izquierda y algo por debajo del 5º espacio
intercostal, sin latido diagonal, ni sagital.
Se indica una ergometría que informa: "no hubo angor ni arritmias intra ni
post-esfuerzo; infradesnivel del segmento ST de menos de 1mm; no alcanzó
frecuencia diagnóstica; conclusión: prueba inespecífica".
El médico tratante indica una coronariografía pero el paciente se niega.
Ofrece las siguientes razones: su hermano ha sido sometido a éste y otros
estudios invasivos por la misma patología y no ha mejorado; si bien
desearía seguir viviendo, considera que ya ha realizado las cosas más
importantes que quería en su vida; dice que está a punto de partir en una
gira por Europa, que éste es el último "sueño" que le queda aún sin cumplir
y que preferiría morir a no poder participar de esa gira. Dice que
aceptaría un tratamiento siempre y cuando no fuera invasivo y no le
impidiera continuar con su trabajo.
DISCUSIÓN
Al abordar cualquier caso clínico el primer paso es establecer la
problemática biomédica y el marco teórico médico en el cual nos estamos
desenvolviendo. Luego debemos evaluar si existe o no alguna conflictividad
bioética y, en caso afirmativo, cuál es le marco teórico bioético que nos
ayudará a resolver (o disolver) el conflicto. Seguiremos estos pasos.
A) PROBLEMA Y MARCO TEÓRICO MÉDICO.
Hemos de plantearnos, al menos, las siguientes preguntas:
1)¿Cuál es el diagnóstico presuntivo?
2)¿Existe indicación médica de coronariografía en este paciente?
3)En caso afirmativo, ¿con qué propósito?
4)¿Hay otras alternativas de tratamiento médicamente aceptables?
El paciente que nos ocupa tiene como diagnóstico un angor estable. No se
trata entonces de una forma inestable que nos obligaría a proceder de
manera más urgente y agresiva con internación en unidad coronaria o alguna
otra unidad de cuidados intensivos.
Sin embargo, el hecho de tener signos de IC haría que el pronóstico fuera
reservado y, por tanto, que la coronariografía estuviera (prima facie)
indicada con fines diagnósticos y, eventualmente, tera-péuticos (angioplastia,
en el mismo acto). No obstante, los signos de IC son leves. Por otro lado,
la ergometría también es dudosa: el infradesnivel del ST es menor de 1 mm
pero no se alcanzó una frecuencia cardíaca diagnóstica. Si la ergometría
fuera patológica, la coronariografía estaría indicada con mucha más fuerza.
En síntesis, desde el punto de vista biomédico, se trata de un caso dudoso
en cuanto a la conducta a seguir.
Nos preguntábamos si existen otras conductas alternativas. Obviamente, en
ambos casos (con o sin coronariografía y angioplastia) el paciente debe:
hacer dieta hiposódica, hipograsa e hipocalórica, controlar su presión
arterial, dejar de fumar y modificar sus hábitos sedentarios. Dejando esto
común de lado, una alternativa a la angioplastia es el tratamiento médico
con mononitrato de isosorbide, atenolol y aspirina.
Frente a esta situación, el médico de cabecera aconsejó la coronariografía.
B) IDENTIFICACIÓN DE LA CONFLICTIVIDAD BIOÉTICA
Ahora bien, Pablo se rehúsa a aceptar cualquier procedimiento invasivo y,
por tanto, surge cierta conflictividad bioética que debemos analizar. Nos
preguntamos:
1)¿Qué principios bioéticos están en conflicto?
2)¿Qué debería informar el médico al paciente?
3)¿Son atendibles las razones que ofrece el paciente para negarse al
estudio?
4)¿Cómo podría influir el médico para que el paciente aceptara el estudio?
5)¿Cómo debería redactarse el consentimiento informado si el paciente
aceptara la coronariografía? ¿y cómo en caso contrario?
C) MARCO TEÓRICO BIOÉTICO
El marco teórico que nos ayudará a iluminar las preguntas anteriores tiene
que ver con categorías tales como autonomía, competencia, racionalidad,
consentimiento informado (o más bien, consentimiento válido o genuino).
Pero fundamental-mente con el concepto de indicaciones y elecciones.
Explicitaremos estos últimos conceptos.
Indicaciones vs Contraindicaciones
Un buen médico es aquél que posee conocimientos médicos, habilidades
intelectuales para, reflexionando críticamente sobre ellos, tomar
decisiones y destrezas motoras para realizar las prácticas de su arte con
corrección técnica.
Quien no posea estas cualidades corre el riesgo de incurrir en negligencia
o impericia y, por ende, puede producir daño. Es claro que cuando no se
posee pericia técnica se pueden realizar prescripciones que no sólo quizás
no estén indicadas sino que, además, pueden estar contraindicadas. En pocas
palabras, indicar lo contraindicado implica violar el principio de
no-maleficencia.
Ahora bien, como veremos a continuación, también se puede dañar al actuar
bien desde el punto de vista técnico, al indicar lo que realmente está
indicado desde el conocimiento médico.
Imposiciones vs Elecciones
Un médico bueno es aquél que ha desarrollado actitudes de respeto y
solidaridad con el prójimo, aquél que puede concebir al paciente como otro
igual a sí mismo, aquél que es capaz de reconocer el derecho que otros
tienen de llevar a cabo sus proyectos de vida, por muy diferentes que sean
del suyo propio.
Así, la salud es entendida no sólo como la ausencia de enfermedad sino como
la capacidad de realizar los propios ideales de felicidad y perfección. La
"biología" es tan importante como la "biografía" de la persona y el acto
médico no es entendido meramente como un acto técnico sino como un hecho
social en el que concurren factores culturales, creencia y valores.
Desde esta perspectiva, el médico que impone una conducta por considerarla
técnicamente adecuada o, incluso, la "mejor" científicamente hablando, está
produciendo un daño porque no le ofrece al paciente la posibilidad de
elección entre otras alternativas. Estas opciones no sean quizás las
óptimas desde el punto de vista de la medicina pero sí lo sean desde la
mirada del paciente, es decir, teniendo en cuenta su historia personal y
sus planes de vida.
Indicaciones y elecciones
El principio de no-maleficencia implica respetar las indicaciones y las
elecciones. Las primeras son objetivas mientras que las segundas son
siempre subjetivas. Algo puede estar indicado pero el paciente no elegirlo
y esto debe respetarse. La indicación corresponde al médico mientras que la
elección corresponde al paciente.
Gracia Guillén recuerda un ejemplo muy ilustrativo: el cáncer de laringe
puede tratarse con cirugía, esto es con la exéresis de las cuerdas vocales
o bien con radioterapia. El tratamiento quirúrgico proporciona una mayor
probabilidad de supervivencia pero deja al paciente sin habla. Un
trabajador manual tal vez elija esta alternativa pero es posible que un
hombre público se incline por la radioterapia pues, para su proyecto de
vida, esta opción implique una mejor calidad de vida, aún a costa de
sacrificar cantidad de vida.
D) RESOLUCIÓN TENTATIVA
El caso que presentamos evidencia el conflicto clásico entre dos
principios: el de beneficencia y el de autonomía. El médico de cabecera
indica la coronariografía pensando en lo que es mejor para su paciente;
pero lo hace desde la óptica de la medicina. Por su parte, Pablo piensa
distinto. Lo mejor para él no es el vivir por sí mismo. La vida tiene
sentido si le permite realizar su proyecto de vida. Además, no tiene
responsabilidades sociales o familiares que le generen obligaciones. Por
cierto no estamos frente a un paciente con conducta suicida. Él no quiere
morir y está dispuesto a aceptar un tratamiento que no le impida viajar. Lo
que ha hecho es una valoración distinta de lo que llamamos "calidad de
vida". Sus razones, compartidas o no, son atendibles porque son sostenidas
argumentativamente.
Ahora bien, el médico debería explicitar al menos lo siguiente: primero,
cuáles son las dos alternativas de tratamiento (coronariografía y
tratamiento médico), en qué consisten y los riesgos y beneficios de cada
una. Esto serían las indicaciones médicas. Segundo, cuál es la evolución
natural de la enfermedad, pues el paciente podría optar por no hacer nada.
Asimismo, el médico tiene el derecho y el deber de recomendar una
alternativa. Nos detendremos un momento en este punto.
Mucho se ha hablado del paternalismo y hasta del autoritarismo médico. De
más está decir que nos oponemos a este tipo de conductas. Pero no deben
invertirse los tantos y caer en lo que se ha dado en llamar el "despotismo
del enfermo". Médico y paciente han de respetarse en su dignidad. El médico
no debe imponer sus decisiones, es cierto. Pero también es cierto que él
posee un saber que el paciente no posee y es por ello que decimos que tiene
el derecho y la obligación de informar, con un lenguaje sencillo y
comprensible, cuáles son las alternativas que la medicina científica ofrece
y cuál es su recomendación.
Hasta aquí las indicaciones y la recomendación. No obstante, la elección
acerca de qué hacer corresponde al paciente. Si elección e indicación
recomendada coinciden, desaparece el conflicto. Si no lo hacen, como
ocurrió en este caso, y el paciente es autónomo y competente ha de
respetarse su elección dejando clara constancia en la historia clínica de
lo informado y recomendado. El consentimiento informado no es sólo un
requisito legal o institucional, su función principal es la de respetar las
elecciones autónomas.
CONCLUSIÓN
La elección de Pablo fue respetada. Recibió tratamiento médico de su
coronariopatía y de sus factores de riesgo. Él pudo concretar su proyecto y
hoy día continúa con control clínico no habiendo repetido hasta la fecha su
cuadro anginoso. Podríamos decir que su elección fue también acertada desde
el punto de vista médico. Sin embargo, consideramos que no es este
resultado lo que legitima la conducta seguida. El principio hipocrático de
primun non nocere va más allá de lo biológico porque el concepto de daño
implica no sólo la muerte, el dolor o la discapacidad; la pérdida de
libertad y de oportunidades también representan un perjuicio.
En síntesis, de lo que se trata es de concebir al paciente como persona y
no sólo como un cuerpo. De lo que se trata es de volver a una medicina
humanística desde una perspectiva antropológica, de practicar una medicina
basada en la persona más que una medicina basada en evidencias.
BIBLIOGRAFIA
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-Engelhardt Tristram; Los fundamentos de la bioética. Buenos Aires, Ed.
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